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La caza, el diálogo, la convivencia, la lucha - la fotografía de Januário Garcia

Roberto Conduru



Como corresponde a una exposición fotográfica, Río de todas las Áfricas es una colección de momentos eternizados como imágenes. Momentos únicos como los de una Folia de Reis en la Cinelândia, de un desfile de carnaval en el Sambódromo, de una ofrenda a Yemanjá en la Bahía de Guanabara, una Noche de Belleza Negra en Madureira, un paseo contra la intolerancia religiosa en la Avenida Atlántica, de una Fiesta de Banderas en la escuela de samba Estácio de Sá, de una hora cualquiera en el Morro do Salgueiro. En esta exposición, hay muchos registros de la vida en Río de Janeiro. Ellos fueron capturados por Januário Garcia. Nos muestran al fotógrafo como cazador. Como aquel que sabe lo que quiere, se dispone a conquistar, observa, espera, reflexiona, planifica, ejecuta - sabe hacer y hace.

Januario García ha cazado mucho. Actuando hace más de 40 años como fotógrafo, produjo una colección de imágenes que él llama de Documenta Brasileña de Matices Africanas. Desde Río de Janeiro, recorrió el Brasil, se extendió a América del Sur, Central y del Norte, llegó a Europa, y por supuesto África, desde donde, a partir del siglo 16 hasta el 19, millones de personas fueron transportadas a la fuerza para tornarse esclavas, pero supieron resistir, recuperar la libertad, luchar por la igualdad. Esta exposición se centra exactamente en las consequencias de ese proceso en Río de Janeiro: Diásporas cariocas en las lentes de Januário García. Nadie lo supera en el registro de la negritud en esta ciudad en las últimas cinco décadas. El ha sido el cronista fotográfico de la vida cotidiana del negro en Río y también de sus momentos excepcionales, tanto de fiesta como de enfrentamiento. Los instantes capturados por él retratan la vida de los negros en Río, del movimiento negro en su sentido más amplio. Sin embargo, las imágenes de la exposición, especialmente los retratos, también permiten pensar al fotógrafo como interlocutor. Alguien que sabe cómo tratar a la gente, conversar, escuchar, esperar, pedir, cautivar, sugerir e incluso mandar. En una palabra, interactuar para producir la foto. Después de todo, aunque sea un objetivo del fotógrafo, la imagen resulta de la relación entre los participantes en el acto de fotografiar.

Puesto que Januario García también se hizo conocido en la fabricación de íconos de la negritud. Entre otros, vale la pena destacar el retrato magistral de la Virgen de Macuco, que trae la antigüedad en su primera pose para la cámara. Y su enigmática Mona Lisa. O el orgullo consciente de Xangó de Salgueiro. Lelia González y otros líderes negros. Antonio Pompeo, entre muchos artistas. Al igual que muchas mujeres, hombres, parejas, niños, adultos, personas mayores. Individualizadas, en parejas o en grupos, las personas son el principal foco de Januario García. En sus fotos, objetos, paisajes y otros seres son secundarios, aparecen promocionados por personas, ya que le interesa la gente, sus vidas, deseos, acciones, logros, realizaciones. Resultantes de diálogos, estas imágenes registran gente que él conoció, eventos que él presenció. Pero, en este caso, el fotógrafo es mucho más que un testigo. Él no está ausente, fuera de la imagen, incluso si no aparece. Januário García no pertenece o un mundo ajeno al que nos ofrece - está ahí, es uno de ellos. Sus imágenes son de un tiempo vivido. Derivan de su convivencia con la gente, de su estar en el mundo. De ahí su capacidad para llegar a la verdad del que está frente a su cámara y de lo que ocurre a su alrededor.

Todo eso recomienda ver al fotógrafo como compañero. Más que pertenecer al medio, su mirada está atenta a los que están cerca, al lado, hermanados. Es la mirada de un compañero, sea en la intensidad de los conflictos y celebraciones, sea en la calma cotidiana. Por lo tanto, no deja de ser, también, una mirada de sí mismo. Por eso sus imágenes van mucho más allá del registro; son expresiones, o más bien, auto- expresiones.

Januario García es un miembro único del Movimiento Negro. Con sus imágenes, sus textos y discursos, sus libros y exposiciones él lucha contra la guerra llevada a cabo diariamente contra la población negra en Río de Janeiro, así como en el resto del Brasil. Esa actitud sugiere que veamos al fotógrafo como un guerrero. Como alguien que dedica su mirada y su cuerpo - más que la cámara - a la lucha por la libertad, la igualdad, la justicia.

Al seguir la lógica de dispersión de la diáspora y la práctica difusa del racismo brasileño, la lucha contra-hegemónica no ocurre en un lugar y un tiempo particular. Ocurre cotidianamente, aquí, ahí y más allá. Si la fotografía se puede entender como traducción constante de lo que es difícil de alcanzar, en ella no hay espacio ni tiempo privilegiados previamente. Eso ayuda a entender por qué Januário García sacrifica a veces algunas características técnicas y de composición en nombre de lo que considera la misión más elevada de su oficio - la protección y preservación de la vida de los negros en la diáspora. Porque él privilegia momentos en que la operación fotográfica converge con la lucha antirracista, anticolonialista, igualitaria. De esta manera, produce imágenes que son momentos densos para preservar la integridad de los procesos de resistencia, de lucha, de transformación. Coloquialmente, su fotografía transmuta índices e iconos en símbolos del dinamismo negro: de las batallas más obvias como mitines, marchas y asambleas políticas, a las manifestaciones más insospechadas, aunque no menos profundas, como fiestas, juegos de niños, la resistencia en la poco pacífica vida cotidiana brasileña.